KOREAEBOOKDOCUMENT1.3.0Campo de FuegoRoberto MascarAgulhaeBooksBrasilZ Campo de Fuego Roberto Mascaró Desenhos Susana Wald Projeto Gráfico Socorro Nunes Edição Agulha Versão para eBook eBooksBrasil.com Fonte Digital Documento do Editor Copyright: © 2001 Edições Agulha ÍNDICE El Arco de Nasazzi ( pórtico de los Campos: escrito en aire verde ) Campo de Juego ( infancia, el vergel: escrito en aire claro )       Barras de azufre       Il convivio       Clímax       El gol de media cancha       Temblábamos       También bajo la ducha...       SALÓN - FAMILIAS       Dedicatoria       El olvidado       Poema       El incendio       Envoi Campo de Miedo ( el ajedrez ojival: escrito en humo ) Campo de Fuego ( supremo masaje: escrito en vapor )       La Sabana       El Desierto de Sal       Ojos Negros       Duelo       Lloro       El Tubo       Galopes       Los Desplantes       La Madrugada       La Gran Nevada       Arboladuras       El Incendio Aéreo       La Ciudad Prometida       La Patria Final Campo abierto ( criptografía, injerto, coda, fuga: escrito en aire marino ) Roberto Mascaró Susana Wald Campo de Fuego Roberto Mascaró Coleção Resto do Mundo Edições da Agulha/eBooksBrasil El Arco de Nasazzi (pórtico de los Campos: escrito en aire verde) L a supresión de todo fámulo, de todo condominio, de toda condenación, albañazales. Es decir que desaparece el fuera y desaparece el adentro padentro. Contaminación, descuento, condonación, acabadura, afrechos, galladuras. Es decir cesa el flujo, cesa el amor a chirusas delgadas, cesa el cese de todo, todo acaba: acabamos con todo, acaban ya de irse, se fueron. Algo después finalmente, se adelgaza y sucumbe: pira. Pira y viene. Al agua el pez, al aire el pájaro, al mar la roca. Y a la tierra nosotros. Para que, así, pirando bien, sea ineludible cierzo, malparido. Condenados, conchabados, machihembrados ambos dos: pajuera. Por esto: después del ábaco con el matarife en el desierto, de la aldaba que se desmigaja royendo báculos y ánimas puras. El palomo malandrín corriéndose bien sí; no pirando mal, no, no. Una piedra muerta, reacia, helada, de maravillosos brillos. El brillo de la arena de vidrio, que tierra parda que piedra pulverizada, pañote en talco decimonónico, albaricoques, que ocre, ocres, ocres a acres. Concubinato, desconche, archiconocidamente, decálogo, archipreste, arquidiócesis. Así empieza un campo sin pastosidades que es ausencia de imagen o de ti o de tu yute, de tu píldora, de tu tántalo, tantéala, Tutankamón. Así piró y así es la historia maleva, destamanera crece crece campo pasto que brilla, vidrio es vos, carne mórbida, pelusa sedosa. Para crecer piedras que no tienen gana alguna, que piedra piedra sangrienta o prístino azabache, láudano, arrecifes, baños de mar, batuques, con desolación, peladuchas sin hiedra, con calzoncitos deliciosos, impalpables. Y ya se fue. Ya quedó entre los pastos, mojada, sangrante, en pelo, en cueros. Y ya el tiempo se acababa, se tilinguizaba con patas de rana atrevida y parabienes. Como si nunca, niño, una noche sórdida y húmeda, como hongos de parco alumbramiento, te hubiese crecido, vapuleándote entero, saliendo por la herida, bañado en sangre, herido de universo, tendido en el anverso, siempre al acecho, cogido sin ascos, ahíto, adulterado, diáfano. Lejano y desmigajado y hermenéutico y solo. Mas, ardiendo, mas, ojos en blanco, mas, vida es la vida, ¡ay! Y allí quedó, entre la hierba, en una tierra de nadie, que tu fotografía temblaba tu goteo, el cielo en llamas, algunas lágrimas pretextuales, disciplinariamente. Contabilidad; pingajos; arboladura; presagio; disyuntivas. Y allí moría pirando, pirracamente, moría en lo hondo de lo oscuro, creciendo para adentro de sí sin ojos, como si nadie pudiese mirarla aunque allí estaba, en lo umbrío, ardiendo, piromanizado. Una concha suplementaria, almorraque, delirium fallicum, mete-saca, entuertos, dípticos, taraumaras, bobones, prehámbrico ilustrado. Champán, antibióticos, caviar, albacora, astracán, alcalá, barruntos, fístulas, suave tintineo... Trapejos. Desolación básica, cómodos pagarés. Y el tiempo catingudo mas queriendo. Despatarro, arrozal, ronrroneo, carraspear, frenopático, fámula. Renazca desde vidrio partido sobre bordes, que corta, talenteo, pataleo neurasténico, porque aún, a veces, así, endomingada se desarrolla, vence el mango que apaga buenamente entre menudos, llanísimos, torteletas, migajilla de rojizos pastos del manso socavón voluntarioso que, en tren delantero, pardiez único, la paradojala paradura, frecuente, mejor que supremo llega; poco o nada, aproximadamente y porsiacaso después de ti. Campo de Juego (infancia, el vergel: escrito en aire claro) Barras de azufre S upe acostumbrarme a pasear por una planicie cuyo aspecto es o era, a primera vista, sencillamente espantoso. No sé de qué materia se compone; describir su color y textura no ayudaría en nada al lector a reconstruírla en el constreñido mundo de su limitada imaginación visual. Diré sin embargo y con certeza que huele a azufre, y que es un olor que puedo reconocer con bastante exactitud, a causa de las frecuentes curas con este elemento a las que en mi lejana infancia fui expuesto, previos besuqueos de mi tía la joven. ¡Ah, las crepitaciones de la barra amarilla de azufre, como revelaciones de secretos profundos que los sentidos cotidianos jamás podrían develar! ¡Ah, los pecados descubiertos por aquel diminuto cilindro de azufre que, con su inefable frescura sobre nuestra espalda desnuda, milagrosamente nos traiciona! El olor es, sí, profundo, y arde como amoníaco en las fosas nasales y hace lagrimear al más macho. En la extensión de la planicie, infinita a la vista, se avizoran algunos oasis que me distraen de tamaña desolación. Rápidamente me instalo en esta estación casual y extraigo de ella su jugo básico, su primordial enseñanza. En principio, mi mano se precipita por los acantilados sedosos de un pantaloncito, un delicado pliegue levemente felposo, un impecable forro de tafetán claro. Mi mano avanza, a tientas, estrangulada por los bordes pero, milagrosamente aceitada, se desliza hasta al frescor inefable de esa naranjita partida en dos gajos ruborosos, porosos, que espera que yo la abarque, que le dé con todo lo que hay, que por ese entonces es mi ser digitado, ávido de apertura. Y abracadabra, el abra se abre. Todas las primicias en flor, babosillas o de tenue resplandor, abren su flor carnófila. Nos damos al juego sin que la espalda sepa de la mano que la bendice... Il convivio Tú me invitabas, rompiendo mi virginidad desvirgada. Jugábamos a no sé qué juego, con cartones desparramados por el piso. La luz era escasa, como conviene a estas ocasiones. Tus padres en la otra estancia: dos arietes. ¿Sabían acaso ellos algo de lo que consumaba mi mano, de tus labios deseosos, de tus dientes apretados y del leve sudor de la espalda, acribillada por las hormiguillas del deseo? Creo que sí vislumbraban algo de nuestro beber en la semipenumbra, y hasta se alimentaban de estas ganas; pero nuestro diálogo vencía el poder censor de los tauromáquicos catones que, incapaces de reaccionar ante un jardín estival abierto y goteante, retrocedían. El pantaloncito cedía, la franela ascendía en vertiginoso frenesí, revelando extensiones desconocidas y sublimes. Jugábamos a la distracción, de manera que el juego de manos y nalgas y muslos sucedía en otra ficción, no la de tu boca que pedía, no la de mi lengua que se anegaba en saliva preclara, no en la de tus piernas arqueándose a cada suave arremetida de mis yemas temblorosas. ¡Ah el choque nervioso de los dientes, en la torpe consumación del primer beso de amor! El lóbulo de tu oreja, puro como un rosado, rozado caramelo de infinita suavidad y dulzura, se deslizaba entre mis dientes ávidos mas indulgentes. Ah dulce pedofilia, pedo contra pedo y entre nosotros la figlia. ¡Ah del penecillo irguiéndose en su correosa gloria, el frenillo cediendo al impulso delicioso del goce! Mientras tanto, los negros bufarrones del odio se paseaban por la cocina hollinada. La madre como ofídica, con aquellos ojos saltones y la mirada viscosilla, como acechando en el pedregal tras gafas ahumadas. El padre alto y prepotente en su mostacho ensopado. "¡A la mesa!", gritaba con un vozarrón como engominado de nicotina y grappa. Los grandes no tenían grandeza para mostrarnos las Grandes puertas del Imperio; tímidamente se recluían en sus cubículos indignos... Clímax ¡Ah, cómo gemía tu clítoris rozado por la vez primera! ¡Ah, cómo reías, atravesada la pulpa aterciopelada de la vulva por la piel brusca, marítima, del dedo! El gol de media cancha Los sábados, en el otoño, después de la ritual comida pesada como sol de febrero y del incesante franeleo que nos dejaba en un estado nupcial embarazoso, íbamos a la cancha de fútbol, a ese campo de juego donde el padre se ensimismaba en los vestuarios ornados de muslos de múltiples vendas desordenadas y un olor penetrante a linimento. Allí se entretenía el caballero, entre algunos circunstanciales semidioses en el baño de vapor, junto a las duchas que chorreaban sin cesar, discutiendo la estrategia con algún forward de la última camada, de esos que prometían mucho y que ya eran mirados desde los olimpos de las sedes de los equipos grandes, allí donde los dioses son colados y revestidos de dignidad, a la par de ser moldeados cotidianamente por las manos ágiles y ávidas del masajista... Al mismo tiempo y a poca distancia, tú te me ofrecías bajo los arbustos que ornaban aquella cancha o concha del Prado. Tu ropa interior olía a orines recientes, a apresuramiento, a desarreglo, a viruta de lápiz, a franela fresca, a betún. ¡Ah, del tenso prepucio que empalidece ante la arremetida de las ganas! ¡Ah del latir silencioso del anillo del ano, oculto en su recóndita penumbra! Allí junto al muro te herí con mi torpe, primordial estocada, los dos de pie, en el arrebato otoñal, punteándote, fiebre más delirante que toda pantomima cotidiana, elixir poderoso del aire ahumado, eucaliptus, aire de bacantes orientales, brisa fresca y humo de los vendedores de maní... Temblábamos ...Y aprendí a amarte sobre los fríos escalones, temblando frente a las aburridas tardes que nos ofrecía el barrio, caniculoso y obvio, oloroso a tomates, a copos de maíz, a aceite de estúpidas máquinas. Me ofreciste tu boca deliciosamente torpe, nuestros dientes chocaron en el inexperto encuentro oral, cerrados los ojos, la mar abriéndose, nuestras lenguas licuándose, el amor ascendiendo desde el granito inflexible que aplastaba nuestras nalgas... También bajo la ducha... También bajo la ducha querías darme tus primicias. Te mostrabas... Brenda Lee nos cantaba. Cuando tu madre andaba de compras, me llamabas con aquella voz casual, y allí de pie sobre la losa blanca te me autopsiabas en vivo, mostrándome todo lo que, bajo el manto de piel, músculo y hueso, era la terminal diminuta de tu nervio y deseo. La ansiedad nos electrizaba, la adrenalina subía al campo de juego con un aire de superioridad que nos desafiaba con el ascenso de un peldaño más en el alfilereo afiebrado del placer. Me pedías que te tomara sin que ninguno de los dos supiésemos cómo se consumaría el acceso, qué se haría frente a este embobamiento que nos arrobaba y se burlaba de nosotros y nos dejaba desnudos frente a nuestro impulso, a nuestras infinitas ganas que traspasaban toda habitación, todo ámbito, todo límite... SALÓN - FAMILIAS El repugnante olor de la sopa de arvejas, servida con austera cautela por la vieja criada en la mesa del comedor, cuando la familia está reunida a pleno, cuidadosamente vestida para la insentata ocasión. Yo lo soportaba todo porque era el pretexto para ver tus desnudeces, el misterio que nos esperaba escaleras arriba, entre tus muñecas diseminadas sobre la alfombra. El irritante sonido de la vajilla familiar -añeja, entrañable, inconfundible-, el tintineo y el paleteo del servicio sobre los nobles platos y fuentes, mientras la criada recorre la larga y ancha mesa, una rodaja de pan aquí, un poco más de sopa allá, una pizca de queso rallado para éste, los tibios panecillos por allí, un salero para aquélla, y en el fondo el enervante, innoble sonido del chocar de las pesadas cucharas de plata o alpaca contra los bordes de los platos, música para los detestables oídos de los más ancianos, el cucharón que viaja desde la soberana sopera que reina en el centro hasta los platos, las cucharas transladándose, sin gotear, desde los bordes de los platos a los labios -rozando en ocasiones los elegantes bigotes munidos de las correspondientes bigoteras- y otra vez hacia los platos, que son los planetas de esta genuina constelación que es la familia, reunida, comiendo, alimentándose para vivir, reunida, unida, más allá de este día, más allá de esta cena. Yo convivía con esta gastronomía porque estaba preso en el misterio de tus bragas. El desagradable, insistente crepitar de un fuego que arde en alguna parte de la soberana habitación, que es el comedor de la casa, el salón familiar por excelencia, tal vez un delgado hilo de humo grisáceo se escapa del perfecto tiro del hogar, y perfuma de esta manera leve, como una especie de incienso local, el ámbito hogareño. Yo me hacía el bobo mientras te rozaba la mano, el vello sobre el cual algunas gotas de sopa de arvejas brillaban deliciosamente. El incómodo, intermitente chisporroteo de las conversaciones en la mesa, cruzándose sobre la vajilla y el servicio en movimiento, humeante, conteniendo los alimentos en estado fluído que van siendo el combustible de la familia toda, las recomendaciones mezcladas a los cuchicheos, a los roces de las ropas limpias y planchadas, a los sonidos que hace el pasaje del aire, de los líquidos y de los sólidos por los conductos de los organismos humanos, los organismos que están sentados a la mesa para de esta manera reponer fuerzas, sentir el bienestar somnoliento que produce el estómago lleno, la familia, el alimento viajando hacia el intestino, la materia alimenticia siendo filtrada hacia la sangre, la famila reunida, la felicidad de ese instante que es además colectivo cuando están todos ellos en la gran mesa familiar, la familia, la familia reunida a pleno, rectangular, la generosa mesa ancha y larga, de superficie pulida y de color agradable a la vista y de textura amable al tacto, la familia convocada alegremente, ¡a la mesa!, cubierta ahora por un mantel de noble hechura, bordado con las iniciales que son el emblema de la familia, delicadamente manchado aquí y allá con pequeñísimas gotas, invisibles o casi invisibles, la familia, la familia entera reunida, las manchas de la sopa de arvejas que es una de las tradiciones más veneradas y renombradas de la familia, de la sopa de arvejas, la familia, la familia toda entera reunida convocada en el salón familiar, la sopa de arvejas que tiene un color amarillento verdoso y un olor penetrante y absolutamente nauseabundo. Nosotros pensábamos solamente en un pretexto para que nuestras manos y entrepiernas se encontrasen en el patio benéficamente sombreado por la higuera. La infausta reunión de todos los miembros de la familia en torno a la mesa familiar, a la cena, la desplegada panoplia del mayordomo, detenido, alineado, transparente, en exhibición, de pie en un punto discreto cercano a todos los comensales, la parafernalia de esta escena absoluta y completamente repulsiva. ¡Qué no hubiera yo soportado con tal de ver tu sagrado tajo rosáceo, abierto de par en par sobre la frescura de los mosaicos, junto al jardín en flor! Dedicatoria Llegando a lo ya visto somos ciegos. ¡Que siempre estés cambiando y yo llegando con la mirada intacta! El olvidado Felizmente ignorado, con la frente aplastada sobre las rodillas, con los labios rozando sus propios muslos trémulos, hecho un ovillo sobre el suelo, tras un sofá olvidado en un extremo de la estancia, el niño solo, respirando el olor de la caoba lustrada y franeleada desde hace muchos años. No tiene parte alguna de la calidez nauseabunda de la vida familiar y por ello sufre, sin saber que un día este exilio será su mayor tesoro y le otorgará felicidad sin límites, cuando esté ya liberado de las torturantes noches familiares, cuando libre sea de los almuerzos del domingo en los que se acostumbra a exponer los desastres y delicias de los miembros de su abominable familia: libre al fin de la moral familiar, ficción extrema que devorará a sus propios miembros casi sin que nadie lo note... Poema Magia sexual Magia sexual, Magia sexual, (¡Oh, cruel...!) La embriaguez, la sorpresa, el leve sobresalto, sobre todo la fiebre: el signo del exceso, del fervor, del éxtasis, del delirio, del supremo masaje... El incendio Ahora voy sencillamente incendiando, voy incendiando, colocando mechas hasta que el barrio entero empieza a licuarse. Los torrentes de agua vencida avanzan por las calles, los polígonos de hielo vienen flotando. Inicio el incendio. Sólo mi fuego puede curar todos los males, sólo el fuego es puro y purifica. Arden las braguitas, los pantaloncitos, los deliciosos blue jeans recién lavaditos, los guantes mutilados, los sombreritos con la punta recortada, las medias caídas al descuido, las armaduras de cuero curtido, las granadas estallando, los miembros mutilados, las torturas, el culto a la personalidad, las dictaduras, las palabras dejadas precipitar. Todo arde, con una intensidad máxima. Enceguezco. Ya no veo lo que quemo, ya mis límites se van mostrando, ya las fronteras se van esfuminando, ya mis dolores me encierran en su cerco, ya mis placeres han alcanzado su límite, pero sigo quemando y quemando y piromanizando. Este cuento debería arder, para ser verídico, por sus cuatro costados. Como si fuese un centro lanzado desde la izquierda y cabeceado justo en medio del área chica, o mejor, desde aproximadamente el punto del penalty. Las palabras deberían quemarse, hollinando las fauces del back, para que aprenda, para que la próxima vez recuerde que no alcanza con protestar ante el fallo del referee o ante el grito de la chusma ensoberbecida, o dejarse caer ante el más mínimo roce del cabello o de la entrepierna del contrario... Envoi Juro que siempre fui un perfecto inocente, que nunca me acerqué a ellos más de lo que las costumbres lo aconsejaba, juro que nunca los rocé siquiera, juro que nunca las besé apasionadamente, juro que nunca bebí de sus bocas las palabras que deseaba. Juro que nunca deseé de ellas más que este aire que nos separa, juro que nunca busqué en ellos más que una razonable distancia. Juro que nadie supo nunca de mi deseo al andar entre ellas, juro que nadie conoció jamás mis ansias al verlos pasar. Juro que nadie, ni sus madres o padres o hermanos o primos sabrán nunca jamás nada de todo esto, nada de nada de todo lo que yo podría haber hecho con ellas, nada de nada de todo lo que hubiese hecho con ellos. Campo de Miedo (el ajedrez ojival: escrito en humo) H ablaré claro. Dijeron: fue en la Gran Aceifa. Sonaban los tambores y alfañiles, aunque no podía oírlos tras la capa de vidrio. El cielo era de un azul añil contra la arena. Vi las almenas, vi. Eran seis y cedían. Al rebato del primer batallón, vi los yelmos. Las alcazabas pendían del mar blanco. De un color oliváceo las caras de los adalides, las cotas de malla bajo los mantos, bellos jubones, los alazanes partiendo como relámpagos. Y al fondo, en lo alto de la duna, la tienda celeste del jeque. Contemplaba los pastos con sed de la tierra, aceitunas sin cosechar, olivares negruzcos al amanecer. Los atalayas atalayando. Quebrada ha sido la resistencia. Rápido se vacían las aljabas. Ya nadie dispara desde los aldarves. El primer batallón entró a un patio. Desde los arrabales llegaban los primeros, cayendo algunos en las zanjas, levantándose otros contra un sol naranja. Los yelmos brillaban como jabón fresco. La aldea alborotada. Eran de infantería, no recuerdo cifras, mas numerosos corrían los guerreros, la primera falange se deslizó por los patios traseros, nadie había sobre los muros, todo era muy blanco, pero las figuras iban hacia el amarillo y el verde, las curvas y rectas del calcio sobre las dunas se diluían en la mucha acción de las avanzadas y los infantes se borraban a veces, pero eran reconstruídos sobre el plano, de a veces todo se iba hacia el verdoso pastoso arenoso, mar de arena quieto mudo impávido. Pero he aquí que un alférez, sin escolta, llegó a un jardín pequeño, en donde una bella mujer -de aceituní el vestido, lujosas ajorcas, aros y gemas- se ocultaba. Él no veía por ahora a la hermosa creatura perfumada, que se hallaba incrustada en el filo de la sombra de una alberca, oasis. La fortaleza ardía y hervía de soldados de infantería gallardos, altos en sus cotas y yelmos, adargas en ristre y serios, con bigote los más. Ella entonces intentó escapar y se delató, por una escalera intentó huir. Se veían las almenas y las ojivas blancas. Con manchas carmesí, las torres altas. Él la vio y la tomó por las caderas, allí mismo, junto al aljibe, en el descanso de la escalera, la cogió y la penetró con su adarga; ella se inclinaba sumisa, el alférez con ella, gozándole la carne de ella a ella; ella se mecía como una aljaba y gozaba, fue gustándole el roce; él con su alfanje y ella con su ojiva; ella callada en sus babuchas, él silencioso en sus borceguíes, casi quietos y vestidos ambos, La zaga entró al primer zaguán. Ya las cartas jugadas, el botín esperando. Todo blanco o verdoso, el lugar alzado sobre la arena, la arena no se veía desde los alféizares, era sólo visible el blanco de las casas y un silencio inexplicable que se aceptaba como lo más adecuado. La ciudad que se rinde. En otros alcazabas, en otras azoteas de la fortaleza, los adalides discuten el reparto de las riquezas, dilapidando azafrán y barragán, la posesión de las mujeres, aferrados al naipe, sin quitarse las cotas ni los yelmos. Un aroma de azahares llegaba escaleras abajo, mezclado al olor de la pólvora y la sangre. Podía leerse con toda claridad lo que decían de sus labios, sentados alrededor de unas mesas, empinando sus tazas y sus jarros. Campo de Fuego ( supremo masaje: escrito en vapor) La Sabana C aminaba por una pradera casi líquida. Aquí no sonaba ningún tango aunque el tiempo era dividido en retazos por algo presente, sin cesar. Melodía, no se hallaba en este panorama. Levemente oscuro, como en un sueño demasiado hondo, sin pájaros, completamente. Desperté cuando sentí un coxis ardiendo a mi lado, en dirección a lo profundo de un lapso, empinado hacia lo espeso y metálico de aquel coto. Mi costado izquierdo despertó, sobresaltado y ardido por un conocimiento: estaba en el Campo de Fuego, que es un paraje definitivamente adjunto al Campo de Sangre, dulzura agria y rápida. Flotaba y reptaba, me desplazaba hacia un origen o presencia que estaba más allá pero también hacia adentro del cuerpo que combustía en la semipenumbra casi azul, abrasándome, mientras mi costado derecho latía discretamente en la sombra sana, ingenua, desgraciadamente ileso. Percibí con la carne de mi hombro izquierdo este tráfico ardiente y sulfuroso embebido en la noche o el día, mientras mi rodilla se quemaba al contacto de un flagrante tobillo, que aumentaba en su ardor al ser frotado repetidamente contra las sábanas de la sabana. Todo mi flanco, vencido y vencedor del Campo de Fuego, transmitía contracciones hacia un hígado traslúcido y palpitante que yo veía por vez primera en la luz mísera y hueca. El Campo me lanzaba hacia adentro o hacia abajo aunque, sin embargo, flotaba. Me consumía en un mapa posible, clarísimo del goce al escozor. Desde ese instante, mi costado izquierdo no repite nada y arde con una llama azulada, casi naranja, y mi pobre costado derecho es rama para pájaros casuales; esta zona de mi cuerpo piensa en un muslo que oyó crepitar lejos, en el llano, pero su labio repite torpe, como una elegante estratagema, los compases de un tango. El Desierto de Sal De pronto desemboqué en el Desierto de Sal. Allí los hombres embozan su cuello y cabeza en paños de barragán oscuro que ajustan a la altura de los hombros. Las mujeres llevan el pelo al viento. Aquí se encuentra el Páramo de Harina como perímetro central, donde el viento castiga día y noche la piel de la cara, borra los rasgos de los caminantes, opaca todo, se bebe la luz y ofrece en su lugar una blanquedad sin poros. La palabra pan es en este ámbito considerada como uno de los más gruesos insultos, de modo tal que no es siquiera empleada en las cotidianas reuniones de los clubes masculinos del Ejército Nacional. En el Desierto de Sal, el aire es afilado como un vidrio y ataca los cuellos, que se quiebran como papel antiguo a la persistencia de su embate. Aquí, la gente ni siquiera habla. Mi desemboque, empero, fue súbito.Entré en el Desierto de Sal por la puerta grande, por el camino junto al cual se amontona la materia blanquísima en finas lomas que los obreros nocturnos disponen, prolijamente. Casi nada se mueve por este lado. La respiración de los habitantes suena como un susurro apagado, como una tosecita equívoca, como un coche que se negase a encender el motor, que se Ahoga. Los que por aquí discurren, cosi no se hablan. Se rozan sí apenas junto a las grandes Arcadas que dan acceso a los Túneles, extrañas, minuciosas construcciones que les dan una tregua al Desierto de Sal, que sería empero el Hogar Verdadero, el auténtico Destino. Ojos Negros En el Desierto vi, una vez, Ojos Negros. Avanzaban entre la multitud como un beduino: aparentemente lentos, como inseguros de su objeto, casi decididos. Los Ojos iban fotografiándolo todo, registrando desde todos los ángulos la gente del Desierto, marcándola con un ácido certero que les daba una paz de tarjetas de cartón, desentendiéndolos luego de la vida que crecía y se multiplicaba en los Ojos Renegridos. Yo sólo quería que me mirasen mucho, mucho. Para sentirme sometido por Ojos, ay Ojos que todo lo pueden. Creo que esos Ojos me vieron y cortaron mi rostro, dividieron la superficie de la piel de mi cara en zonas de influencia de diferentes tonalidades de exquisitos rojos. Todo pasó en un instante. Es mejor que nadie sepa el desarrollo de este romance mío con Los Ojazos. Todo es así, lo sé por expetiencia. Siempre ha sido así, yo sé lo que te digo. Así es como actúa el viento del Desierto de Sal, que no levanta ni una sola brizna del suelo pero, despiadadamente, se hunde en los cuellos desprevenidos de turistas que, sometidos, van pidiendo una suerte de muerte rápida que el Desierto, sonriente, sistemáticamente les niega. Duelo Decidieron llorar para instalar una fuente. Las lágrimas empaparon rápidamente la cama, que fue poniéndose pesada de sal. Después, las sábanas se desintegraron, se quebraron como un viejísimo pergamino. Visto desde la cama rasa, desde la planicie de edredones, el llanto era una pura lluvia, arreciaba, amainaba, pulverizándose contra los arrecifes. Lloraron porque sí: para dar nacimiento a una fuente. Como cascadas lloraban los llorantes. Por momentos, alguno de ellos preguntaba al otro la hora o le pedía un pañuelo o una esponja para achicar en la cama inundada. Mi cocodrilo, ella le decía, nunca he llorado tanto desde que vi por primera vez a Peter Pan. Estas lágrimas, decía él, cocodrila mía, son como el amor, cuanto más fluyen, más fuerza adquieren, como el amor amor: corren hacia un mar que quizá ya se ha secado, vuelan hacia unos astros que tal vez ya se han apagado. Los llorantes lloraban, a veces, la noche entera. Los vecinos, creyendo poder mitigar el sufrimiento, acudían en ropas de noche. Los sollozantes sollozaban, empapaban a los recién llegados con un violento chubasco de lágrimas (era entonces cuando sonrreían a través del llanto). Se apiadaban de los vecinos, sin embargo, los tranquilizaban tomando una de sus manos entre las dos suyas de ellos, como se acostumbra a tratar a la gente viuda. Las suyas acariciaban las de ellos y ellos respondían poniendo una de sus manos entre las dos de ellos, todo ello sin previo aviso y sin ensayo preliminar, o de lo contrario a contramano, pero siempre siempre con la devoción obligada a quien llora una desgracia, o viceversa, de primera mano. La escena se ponía conmovedora y además, exquisitamente pintoresca. A veces, la noche terminaba con ellos flotando en una pequeña mar de llanto. Flotaban boca arriba en agua opaca e intercambiaban postales y fotografías de tiempos pasados que se volvían por un instante huellas del presente, indicios del futuro, y otra vez lloraban estrepitosamente. Soñaban juntos con el día en que aquellas misivas se harían realidad, en un futuro cercano. Sufrían con los detalles que la Moda imprimía en las Imágenes. Soñaban despiertos hasta que el frío del agua de llanto los obligaba a cambiar de posición. Ahora, flotando boca abajo o arriba, abrían los ojos hasta que el agua salina (que no irritaba los ojos) e intercambiaban miradas submarinas con las cuales se expresaba mucho más de lo imprescindible. Lloro Quebrantados, lloraban los llorantes. Los llorosos lloraban, desolados. Lloraban c/u X su lado. Ella lloraba X lo suyo de ella. Y él lloraba X lo suyo de él. Y los que los veían llorar, lloraban. El llanto les llegaba hasta los ojos. Se lamían el lloro el uno al otro. Como críos moqueaban los llorones. Volteando sobre el lloro, lacrimosos. Hundidos en el llanto, lagrimeaban. Lloraban sangre, lloraban lento lloro. Y se bañaban juntos en sus lágrimas. Toda una gran fiesta lacrimógena. Fuentes de llanto, campos lacrimales. El lloro inundaba los confines. Vendían gafas de sol para llorones. (Los vendedores las vendían moqueando). Anegaban praderas con el llanto.. Lloraban más y más, desconsolados. El uno al otro se bebían el lloro. El llanto iba haciéndose masivo. Anegaba las camas, los hoteles. Se volvió la ciudad un mar de llanto. Y era bueno bañarse en esas lágrimas. La sal del llanto se depositaba. Se extraía la sal que había en el lloro. La vendían sollozando en el mercado. El llorar blanquëaba el horizonte. Lloraban todas las autoridades. Todos contribuían con su llanto. Y se anegaba en llanto el populacho. Lloraba como loca la clase alta. La clasa baja, muy desconsolada. Y la clase del medio, lagrimeando. El Alcalde lloraba como un niño. La Ley vigilaba tras las lágrimas. Festejaban con gases lacrimógenos. Los bomberos empleaban las lágrimas y apagaban incendios con el lloro. El escroto y el ano, tristemente, prepucio, glande, clítoris y vulva, todos lloraban melodiosamente. El Obispo lloraba en su sital. También el Presidente lagrimeaba. Era un coro de llanto el mundo entero. Pero ellos lloraban + que nadie. El llanto les brotaba como lluvia. Verdaderos campeones de las lágrimas. El Tubo Teníamos por costumbre meternos en un tubo poroso en el que pasábamos temporadas relampagueantes. Pero el tubo, en cierto modo, se acababa. Tapiábamos la entrada con pesado mobiliario y máquinas inexplicables que hallábamos en la trastienda, por los patios. El tubo tenía otra entrada, otro acceso que quedaba abierto para darnos un poco de luz grisácea. Pero el tubo, ése, duraba siempre poco. Tratábamos de mantenerlo a punto (a veces conseguíamos hasta 24 horas ininterrumpidas) con la ayuda de larguísimas frases (acompañadas de gestos y música de fondo) y con lecturas en voz alta de los textos más Prestigiosos. Cada veinte minutos revisábamos las junturas, según el plan escrupulosa y previamente establecido. Nos quedábamos contemplando su reluciente interior, cubierto enteramente por una especie de las más aterciopeladas mucosas, totalmente importadas. Sus bordes eran sólidos y prometedores como las turbinas de una nave espacial cuya imagen se hubiese diseñado por un proceso digital. Bostezabas, no trabajabas mucho en mantener el tubo en regla, fumabas sin parar o probabas una fruta sin llegar a asesinarla, hiriéndola al pasar. A la siguiente frase eras otra y no entendías la lengua en la que yo te preguntaba por el paisaje antecedente. El tiempo (según yo lo entiendo) no existía dentro del tubo. Herías levemente la manzana. Acomodabas sin necesidad tus prendas íntimas. Mirabas con tus ojos en un espejo preñado de ajenidad. Tropezábamos con un abismo de ropas, mermeladas, dictáfonos, botellas, cafeteras, papeles, manuales, pendientes. De pronto, debajo de un artefacto se encontraban nuestros ojos y realizábamos de esta manera contacto visual, mientras gateábamos en procura de la misma pelota de golf. La intensidad de las evoluciones crecía mientras las pantallas de los televisores misteriosamente estallaban y el cartero era secuestrado y la radio no funcionaba ya más, ahogada por la leche derramada como a las cinco de la tarde. Pero siempre, al final -y al principio- el tubo se terminaba, se vertía en otro ámbito donde la luz perdía su cosa gris y pasaba a lo azul y brillante. El tubo se desembocaba, moría un poco. Perdía boca, el tubo, y enmudecía para nosotros, que quedábamos mirando el paisaje que huía como un tren, ajenos el uno del otro, como ya en andenes o tubos diferentes que aceptábamos, resbalando por una escalera de caracol invertida, con la mirada fija en un libro desencuadernado, hamacándonos en la mecedora de los sentimientos pinchados con alfileres en una carta del tiempo. Galopes Te iba dando y pidiendo rienda al mismo tiempo (potra), empecinado, moviendo las manos en la sombra, para dar combustión al proceso que, borrosamente, se abría paso entre luces cambiantes. Decía ah al macho que aparecía con un sombrero gardeliano y feroz, lo imitaba (pinga) con un traje a rayas, sobrio. Pedías permiso como novia percalina del pacífico mar embravecido. Vos bailabas un tango, ¿viste? Yo me iba cansando. Tarareaba algo como murmullo, como murmurio. Decías a veces: yo soy la que no es aquella, no la que estoy allá sino esta acullá. Sonreía, irónico y asmático, y me enfrentaba a mis ojos de Marido. Los celos me aullaban como ojos inyectados en perros, mordiéndome ahora la pernera de la bombacha (gaucha). Sangraba. Tú querías no casarte, tener no una casita, hijos no tener conmigo, mucho ya era historia tubo del, la. Casarte, machihembrarte con el mejor postor, alimentar a tu gigoló con las vísceras tibias de tus clientes, amarme no quererme. Amar hasta Morir, como Mimí la Perdida (potranca), guacha. Todas ellas fantasías de cosas que a veces pasan por la televisión, viste nena. Reía. Te quería de a rachas, vení acá, pendeja, mientras descorchábamos una botella de jugo de naranja, para achicar en la embarazosa situación, néctar del paraíso por otra parte, eh. Al final, nos amábamos nunca. Teníamos fiebre, retrocedíamos, resbalábamos en una lluvia ocre o barro, sin emporcarnos empero, nada de eso. Con una hoja de afeitar nos separábamos y algo brillaba allí y era un prendedor que atrapabas al vuelo y guardabas con una mirada sombría, llena de avaricia recién revelada, plena de oscuros pensamientos que me dedicarías apenas fuese yo tu enemigo, amiga. Sufríamos a dúo, invisiblemente. Caminos paralelos... Yo pregunto: ¿caminos paralelos? ¿O tan sólo sugestión, fantasías que uno se hace al leer tántos o tan pocos libros? Lo cierto es que, luego de estos sucesos (que siguen transcurriendo puntualmente), moríamos un poco. Un poquitito. Y al amanecer de todo esto (potra) la luz se extinguía. Los Desplantes No intentabas explicarte las cosas sino que les indicabas a los objetos y a los hechos cómo eran: ibas construyendo un andamio de suspiros y de interrupciones, intercalando breves comentarios deliberadamente insignificantes, referidos a la temperatura ambiente o a los precios de los cines, mirándote el cuerpo que exhibías como un pasaporte de pobreza; ibas saliendo de tu cuerpo hasta estar a una distancia de varios centímetros del mismo, aunque conservabas los ojos contigo como única prenda, ojos que yo mismo hubiese querido retener como trofeo por los siglos, guardados en el bolsillo de mi camisa de caballero o en un pliegue de la cartera de la dama, para mirarlos holográficamente cada vez que un semáforo me impidiese el paso; ibas echando luz, como un liróforo divino, sobre la aparente luz, dabas pinceladas tímidas entre suspiros y oh, de entre esa maraña de gestos y voces iba surgiendo el monstruo amalgamado de una posibilidad, de un tronco correcto con sus nudos y arrugas y corteza envejecida y ah, allí aparecía la explicación predicha de un futuro posible y, más tarde, cuando la luz declinaba con apariencia de totalidad, la realidad llegaba para preguntarte a ti, a ti, cómo continuaría la película cuando tú ya no estuvieses para dictaminarla; entonces te escapabas por escaleras furtivas, ensuciando tu ropa siempre recién puesta (pellejo de víbora), mientras yo sin escabullirme a mi vez quedaba con los brazos vacíos y frente a mí ese andamiaje de sucederes virtuales que pedían de mi cuero una patria. La Madrugada Aquella madrugada yacimos lado a lado, enteros, mientras nuestros nervios viajaban en un tren ultrarápido por el Campo de Fuego. Silencio. El tren va sudando, silbando por el aire de la pradera. Yo, convencido de que el cuerpo iba a estallar, de que los pensamientos y los sentimientos y los sentidos (o todo ello, oscuro, oscuramente) iban de pronto a salir disparados, corriendo por la arena o la nieve, desapareciendo después, sin huellas. Tú, ¿dormías? Tu cuerpo crecía y se iba poniendo liviano, ocupando un espacio cada vez más inconmensurable en la cama que ardía estrujada. Tu cuerpo, constelación programada de sangres de diferentes pesos específicos, mapa de nervios como los tallos que mordisqueamos en el campo, sentados junto a una colina. Tu cuerpo esfera transparente, grisáceo y suave. Yo: huía hacia adentro de ese ardor, sin explorar, torpe, levemente suspendido, piel hollada con dulzura, cariñosamente llaga. Madrugada atroz, los dos yaciendo lado a lado y las sábanas ardiendo sin consumirse; sombras chinas sobre lienzos de negra seda. Madrugada que fue puerta, pasadizo, clave para cambio en la escenografía: Campo de Fuego (bicho). La Gran Nevada Te dije que mi vida ha sido a veces feliz. Otras veces, no. Tú me escuchaste con una atención a medias porque comía y fumaba al mismo tiempo mientras te relataba mis aventuras terrenas, de manera que tu mirada iba y venía desde y hacia el humo de mi cigarrillo y hacia y desde la pera que yo mordía esporádicamente, sin demasiado amor, descarnando el fruto a cada mordida, en absoluta inconsciencia del dolor que mis dientes causaban a la creatura de mejillas de bebé: asesinando una pera en pleno día. Nuestra vida se constituyó sobre el dolor de otras vidas, decías vos como citando a Nietzsche, como si simplemente siguieras un ritual ciudadano como el de los semáforos o el de la Navidad. Yo te explicaba: mi vida no ha sido feliz, aunque a veces. Tú respondías que la felicidad no existe (¿Quién te ha dicho que has venido a este mundo para ser feliz?), que tú jamás habías pensado en la posibilidad y que, por eso, eras feliz. Y ahora me voy a quitar esta media, que me molesta, decías. Sírvete más queso, decía yo. Es exquisito. Afuera caía -sólo yo lo notaba, tú ni te enterabas- una nevada como nunca pensé que pudiese caer: borraba las ventanas. Arboladuras Vi en lo oscuro un vientre que era mío. Ahora, claro: ¿cómo puede ser mío un vientre que no es mi vientre? Ausculté, oí por el ombligo los rumores del vientre mío que no me pertenecía. Pregunté: ¿De quién es este bendito vientre?, y me contestaron: Tuyo, sólo tuyo. Mi costado descendió hasta rozar la suavidad áspera del pelo crespo que crecía en los crispados confines del vientre mío,pulido como cerdas de acero fino. Froté mis labios, hundí mi nariz en ese bosquecito. Continué en esa dirección hasta que mis labios se enfrentaron a otros, anchos. Tan sólo. Ni un instante vacilamos y todo fue enfrentarse nuestras bocas. Pasé mi lengua por los esteros, las hondonadas y quebradas de la zona. Me detuve en cráteres subsidiarios y en colinas adyacentes. Yo buscaba un oasis, como los agujeros de agua de Wilhelm el Explorador, para compartir con las jirafas casi extinguidas que él tanto veló por conservar; yo quería, humano al fin, una fuente donde posar la boca, un pozo en el que beber y ser por él bebido. Un monte o la arboladura de un buque mediano, una selva oscura o un bosque se estremecía leve, rápida, repetidamente. Velados sollozos parecían oírse por estas veredas. Mordí una rodilla que olía a damasco y sabía a lluvia reciente. Otras vibraciones, como las de cables telegráficos, llegaron a mí. Y entonces me encontré con mí, de vez en vez. Hallé una mano, abierta-como-una-flor-carnívora y lamí la palma mordaz de esta araña colosal, mordí sus montes, seguí sus líneas con una línea de saliva que salía de la punta de mi lengua. Telaraña se irguió desplegada. Se adhirió a mi rostro, recorrió los miembros hasta posarse, contrayéndose, en la espalda. Volví como peregrino agradecido a los increíbles labios, que se habían ahora humedecido levemente,como-los-de-una-persona-que-se- dispone-a-decir-algo-importante. No me costó mucho encontrar la prodigiosa boca, parcialmente oculta por el perfumado bosquecito, similar a los bushes o al seto de parterres, cuya inocencia perdida es-como-un-sol-púrpura-que-esplende-con-intensidad- mayor-sin-dudas. Reinicié el diálogo, tomando aliento apenas. Supe que jamás podríamos tener una conversación civilizada. Nuestras voces eran como las de los ex-amantes, que van diciendo una verdad que se embute en un cable que va pasando por detrás de una escenografía alegremente oculta a-la-mirada-de-los-niños. Supimos que jamás podríamos decirnos todo lo que era necesario, supe que eran indecibles las supuestas palabras imprescindibles. Mis labios y los otros emitieron, durante un largo instante, suspiros entrecortados. Con mi lengua entreabrí los labios, entreví la encía coralina, la lengua que allí dentro esperaba la mía, mordí con cautela, exploré el interior de esa breve y profunda boca. Era dulce su sal. La carne suave, de una humedad leve como-de-rocío-reciente. La arboleda se expresaba. De la tempestad que se preparaba en algún horizonte huían, al tiempo que acudían, incontables, pájaros. La ya furiosa Boca de Sal buscó mi boca. Una boda feliz a la que convocan estas dos bocas desbocadas, en la exacta desembocadura. Desvergonzada, la lengua descubrió su diminuta nostalgia en la ternura de la otra tersa lengua trifásica, atractiva, tremenda, trémula, atrevida. Una cascada de astros y un mar de miel, en alguna parte de la inmensa pradera , se asociaban en-furiosa-calma. El Incendio Aéreo Cuando alguien atraviesa el Campo de Fuego, es como si atravesase la Llanura de Sangre, como si el cuerpo se reinvirtiese hacia el Golem y el líquido huyese de lo sólido súbitamente, dejando el andamiaje intacto, el atanor íntegro en medio de la pradera. Ya al otro lado, los miembros están como de más y yacen, cuelgan y no encuentran espacio en el aire inflamado, henchido de vapores invisibles. En el Campo, lo sólido pierde médula y se agosta, está fuera de combate y la vista -que no los ojos- es la que refleja, en un silencio casi intolerable, el incendio aéreo. La Ciudad Prometida Marchaba el tren como un caballero fino y decidido por el atardecer. Fue entonces cuando divisé el resplandor de la gran ciudad contra las nubes grisáceas. La electricidad de los focos teñía el horizonte de tonos amarillos, rojos, violáceos. El silencio de la Ciudad era grande y contenía el zumbido intermitente -limpias fricciones metálicas- del tren. Algunos pasajeros se movieron en sus asientos, conmovidos por la estática del aire. La Ciudad se percibía claramente a través de la brisa que destilaba humedad. Los pasajeros volvían sus ojos hacia la Ciudad sin mover las cabezas, conteniendo todo cambio de posición de sus cuerpos, como con miedo de que desapareciesen si hacían un giro brusco. Yo fumaba, de pie en el pasillo. La llovizna atravesaba mis ropas y se depositaba en los cristales de mis lentes. Yo pensaba este pensamiento y trataba de mantenerme pensando lo mismo durante los cuarenta minutos que faltaban para llegar al Corazón de la Gran Ciudad. A lo lejos humeaban las piras del Campo de Fuego, ayer incendio universal, hoy apacible recuerdo que alimenta nuestro quieto hogar. ¡De manera que es aquí donde viviremos, donde compartiremos-maravillosos-instantes, de manera que es aquí donde nos estaba esperando la vida apasionante y apasionada que comenzará apenas ponga el pie en el andén y nos encontremos! La Patria Final He visto la ciudad donde viviremos dentro de muchos muchos años. He visto la plaza, que es un cuadrilátero muy pulido, resplandeciente. Vi la Plaza Irreal bajo un sol que de a ratos se ocultaba, receloso, tras nubes deshilachadas. La Plaza está rodeada de edificios igual, escrupulosamente pulcros, construídos sistemáticamente en los cuatro lados del paralelepípedo de aire con elementos diversos que es la llamada Plaza en Sí. Ahora bien, esta masa de aire de relativa movilidad y provista de un microclima regulable con la ayuda de generadores autoabastecidos de energía biotransportada en todos los sentidos posibles, esta masa tiene diferentes tonos pastel según hacia dónde dirija la vista el observador. Ver, aquí, es una-caricia-para-la-vista. No hay en los edificios tonos discordantes (antenas, chimeneas, líneas atrofiadas) y en las paredes, ni una sola mancha o falla. Parado en una esquina de la Plaza Irreal, yo veía las edificaciones y los proporcionados bancos que se hallan esparcidos estratégicamente. Yo sé que la Plaza está, durante algunas horas, totalmente vacía (apenas la surca una gaviota que recoge una de las invisibles migajas que quedaron del Mercado de los Jueves) y durante otras animadamente llena, hormigueante. Cuando yo la descubrí, disfrutaba de sus horas de apacible vaciedad. Allí detenido durante unos minutos, mientras esperaba mi transporte a otra ciudad, sentí una leve brisa que golpeaba mis mejillas y las mangas de mi camisa de verano. Segundos después, como si llegase reptando desde el otro lado de la Ciudad, es decir desde la zona de casitas familiares, cada una con su pequeño jardín en forma de Plaza Irreal, como si fuese un perro que extraviado y jadeante recorriese uno de esos innumerables, encantadores e idénticos jardines, llegó a mi olfato, reptando por la superficie bruñida de la Plaza tu olor, tu Olor, y por esto supe que esa era y sería siempre Nuestra Ciudad, que en ese cuarilátero resplandeciente haríamos en algún-día-venidero nuestras compras semanales, que por su Mercado caminaríamos tomados de la mano, seguidos de nuestros-encantadores-niños, que aquella era sin duda nuestra incólume Patria. Campo abierto (criptografía, injerto, coda, fuga: escrito en aire marino) E ntonces vi, me dije vives, te mueves, bailas, cuando bailas es como si bailase lo otro que no es tú, algo nuevo nace, mientras levitas en la luz, el aire muy tenso, definitiva, muerta, (¿por qué?) , bailas y bailas, mhijita, espalda recta y gallarda de machito, el aire marino que entra por una ventana, eso, bailas y bailas y bailas y bailas, espalda, espaldas, costas, bella , pero como estropeado por una vida de disipación, le silence, es hecho que estás definitivamente detenida, algo muerta y descompuesta, posando mis labios en el vello sedoso de la base de tu cuello , frenesí, magia, eso eso, microorganismos, sin cesar, para siempre, mientras te miran, aún no maquillada por los mortuorios, todo el tiempo, hombres de belleza deslumbrante, casi viva, apenas entrando en la descomposición, tus besos al viento lanzados desde las cuatro plataformas cardinales, perpetuo cambio, eeeeeso, aunque nos miran, nos están mirando, tu pelo casi rojo y casi negro , envaselinados, el viento marino, brisa marina, se entretienen en comer a horas fijas, éxtasis eterno, y tu espalda, morena casi rubia, y tus pies indios , éxtasis, renacuajos, españoles, el aire podrido de olor de algas de la costa, clímax móvil, y tus ojos abiertos como una poza azul en mitad del desierto, destellos , tu mirada panorámica a la que digo kom in!, entra, nos miran otra vez, tus rodillas redondas que me sostienen sobre tu espinazo delgado, inmóvil, de una hermosura como resplandeciente , el chico, tus manos que trazan el rumbo del sonido de la pista, brise marine, la pista en la que así es como bailas y bailas, no hay apuro, así así, no me acuerdo, no recuerdo bien, tu pelo color de vino antiguo, carey , azabache, no estoy seguro, desde su yeso ético nos miran, nos señalan, pero bailas y bailas, Jehová es mi pastor, desde sus fauces despiden un fuego fatuo, te apoyas en mi pecho , sonríen, tienen muy ajustadas sus ropas a los cuerpos, toco tu pelo rojo que se desliza como la más fina seda pensable entre mis yemas ,en su infancia consideraba orginal a su propia madre, el tiempo apremia, se balancean levemente en sus sillines, los antebrazos blancos , la ajorca resplandeciente sobre la garganta desnuda, no soy nada, pececillos, están muy pero muy acomodados los individuos, la tez del vientre, los muy señorones, solía ser uruguayo, sentados, pero bailas, despatarrados a medias sobre sus jumentos, sobre sus mementos poblados de murmurios, cadencias cuasi tropicales, murmurios de una noche de verano en que todas las estrellas estaban brillando sobre el mundo, allá en el firmamento, eeso, misterios de la telefonía con hilos y sin, pirita,en el espacio infinito, y bailas, bailando, en el espacio interestelar, en el insondable e interminable espacio cósmico, entrando la puntita, en el gran bigbang aéreo o no, exceso, gentes empaladas y felices, cubierto de efectivo lubricante, vertebrados, mamíferos, bípedos, en las grandes masas de materia inflamable y enfriable que rota indefinidamente, el andamio del cuerpo, bailando, tú bailas, tal vez para siempre e las dimensiones inconmensurables del inalcanzable espacio cósmico, como una escenografía cambiante, entre las piernas , la gargantilla noblemente heredada, en el espacio inaccesible e inenarrable e indescriptible, por él, en el espacio ,el aire marino que golpea la cara, espacio, pero en realidad no me acuerdo, no lo recuerdo enteramente, sólo partes, sólo restos, rastros, fragmentos, esquirlas, barajas sopladas por el viento y esparcidas a la redonda, la coronilla, ese espacio que las contiene, sus ojos nos miran, chispas, puntas, el cerebro de un gato, virutas, ancestros inefables, aserrines de los siglos mojados por el orín infinito que llueve en el espacio cósmico, un guiso de cordero a la irlandesa, interestelar, mi odio al condenado trópico, seca benéficamente el sudor, cómico, "frota mis pezones" , pistas, intercostal, el espacio infinito que hay entre una y otra clavícula, uno y otro riñón, una y otra vena, entre el bazo y el hígado, entre el páncreas y el timo, entre la tiroides y la hipófisis, grito natal, los restos naturales del conocimiento natural del hígado, de los nervios, la tibia y el peroné, la mandíbula y el duodeno, "así" , entre el grueso y el colon,entre ellos, Colón llegando a La Española, una tarde de toros y los grumetes sueñan con indias bellas como jirafas tendidas levemente, están calientes, el capitán da la señal y ponen todos pie en tierra, de niño temía por los riesgos pertinentes del oficio de su padre, inserto, injerto, es de día y el sol rota fijo en su órbita, la tierra gira inmóvil bajo los aretes de las danzantes, el cañón interrumpe abruptamente la fiesta de las pieles en movimiento, están con un afrecho, bailas, el choclo, las madonas se cimbrean, alelados de vida pasan por un tratamiento de entretenimientos compuesto de sucesivos e interminables estados intermedios, éternel, muchacho esbelto, alto tatuado, el cabello como seda , esa especie de frescura, guatitas, nunca seré nada, vuelan hacia sus casas, aumenta la franela intempestiva, hazte visible, van desde sus casas, desde sus moradas protocolares, delirio, siempre dispuesto el condón, digamos, a escondidas, a regañadientes, a hurtadillas, (¿resolveré la ecuación?) , raquítico, el ano del mosquito, antibursátil, nono, apolítico, yermo acaso, desentendido a veces, (¿qué decir?) , benéfico, antracita,nato, déjate llevar por Ströget hacia el mar, el occipucio, almidonado y compuesto, babieca en ocasiones, como esculpido en alabastro, atildado, como el caballo de Atila, el blanco, te entregas plegada , el blanco en el vacío, el salto en el blanco del vacío, el trabajo en el blanco del vacío del salto del trabajo, juegos variados, volteretas circenses, baratas tropicaladas, saltando, un alegre salto, sólo la punta, saladamente, hacia todas partes, la magia allí, el olor marino nocturno y fresco , por todas las praderas del espacio vacío, una delicadísima ave marina, del espacio entre los elementos del vacío, el soroche, la puna ardiendo en el estómago,el espacio entre el estómago y la caída en el vacío del espacio etre una y otra montaña, tú bailas, un poquitito, ese espacio, la calentura, fuman yerbas, son mala gente, fervor, hervor, ardor , clamor, dolor, escozor, picor, resplandor, hedor, temblor, temblor, ¿dónde está?, un muslo blanco como semen, ¿cuándo, cómo?, ¿de qué tipo?, solemnidad, ¿de qué porte?, gallardía, (¿qué ecuación?) , apunamiento, como semen, pachamama, tus ojos de jirafa sentimental y pura, lleva consigo una tremenda pistola, bailando, grandes fincas sólidas con sus vergeles intrincados y gatos a discreción, agonía, la luna sobre las estribaciones, las faldas que giran con el impulso eléctrico, como mármol eterno, tu procedimiento me hizo padecer, las chochas, un payaso real un clown auténtico, el comienzo de la entrepierna, la cara, el pez volador, el espacio entre el calzón y el pelo púbico, el roce, vas bailando, la fresca del mar, quién, el escozor, el temblor, el fósil, el tacto , el masaje, la persistencia, la frotación, el beso allí, la ropa ceñida sobre el cuerpo, el caballo que pifia, aunque un poco gastado por la droga, por la mentira, algo falta, escarcea, bufa, caracolea, cabalgar, ser cabalgado, una buena cazuela de mondongo, huir antes, volver, desaparecer, acechar el instante, exclusivamente el glande en los labios de la vulva, de ces espaces, entrar, salir, la cabeza en la boca, salir, el cobre, el plutonio, el cuarzo, entrar, ser la entrada y la salida, ser la salida, el pito, el petardo, el porro, ser la entrada, contener, ser contenido, frotamos nuestras lenguas con frenesí , hambre, metiendo la nariz en el monte, cual moldeada en greda, permanecer, ser permanecido, el plomo, mas no pienses en ella, el uranio, en el amplio espacio exterior, el espacio interestelar, el espacio inmutable, el espacio interminable, el espacio entre el clítoris y el labio, entre la lengua y el prepucio, el glande y la vulva, el basalto, el fuerte olor a mariscos podridos, el miembro, en fin, hurgando intensamente, perdón, me contengo, soy contenido, no lo llames no estará, me cuido, rasgo el condón, el espacio entre el látex y el pene, entre Venus y Saturno, en tu monólogo interior, la turmalina, entre el dedo y el gatillo, arrojado a un rincón, entre el sol y la luna, aunque si dejasen las estrellas de brillar, en todo el firmamento no tendrías, el topacio, otro rumbo que el de este palpitar, (¿morfina acaso?) , la lengua en el anillo del ano, en el gran cosmos de los cosmonautas, entre el sudor de la palma de la mano y el mango del cuchillo, dedicado a moluscos o pescados extinguidos , la esmeralda, en la pieza de hotel , el gran espacio de los astronautas, la mariposa rauda pasa, el aguamarina, la goma mágica, ser el hijo de un aviador, no puedo querer ser nada, por doquier en nuestros benditos valles, masajeando el infinito en proporciones grandiosas, tus labios entreabiertos, con carcajadas de vida disipada en las naves veloces, el calor agobiante, la Pinta, la Niña, volátiles, en tu monótono interior, ansias profundas de robar, el rabo, el culo, el poto, el orto, los labios de la vulva, te hablo en voz muy baja , altramuz, ojete,fertilidad inenarrable, tizne, tábano, terraza, tintorería, tinajas, tiras, trinchetas, tretas, terrajerías, tramontana, la certeza del mar que murmura en la cercanía, soberano vibrador bicéfalo, trémulo temblor, la uretra, ardor, sopor, vuelve a tu monóculo, escozor, ardor, arder en el espacio , en el infinito espacio en rotación, testigo de esa noche de placeres, qué más da, entre rumor de besos y de trémulas alas con su murmullo aterciopelado, las trompas, en derredor, drogas potentes, el olor a podrido de las plantas marinas, silencio de la nave lunar, el monóculo interior, de los crustáceos descompuestos, de los muertos y despedazados lobos marinos que yacen en la arena, el sonido del mar contra los peñascos, pistola, jugaban a los dardos, porongo, se amasijaban frente a todo el mundo, guaranga, pinga, paquete, pieza, pendorcho, diuca, el nardo, la zorra, el choro, sed, la concha, la cotorra, la cajeta, los pendejos que unen nuestros valles, tetas de goma sublimes, nuestros monte bravos de espinillos y talas y coronillas y araucarias , piensa en ella, los huevos, nuestros gallardos hombres que van en busca de un destino glorioso, todo muy promiscuo, fantásticos consejos de Jesús, haré de vosotros, el huevo de Colón, goetita, revolcándose sobre la alfombra cachondos, haré de ustedes falanges perfectas marchando hacia la luz, no lo vemos pero sabemos que está, embebidos en aire universal, espagetis descompuestos, general, piensa, teniente, teniente coronel, cabo, venid a ver los hombres que vinieron del cielo, aire tenso del verano claro, fresco, cálido, el corneta, lapislázuli, turba de turbas, sargento, suboficial mayor, almirante, no trabajan las focas, las gaviotas, "dormir contigo" , grumete, clase, recluta, haré de vuestra clase, cada obrero, mirad los lirios del campo, el más pequeño y mísero recluta tendrá la mentalidad de un empresario japonés, mi colección escrupulosamente completa, la más pequeña de las células masajeadas, no habrá descanso, tañen ahora las tres campanas juntas, la Santamaría, nunca al unísono, el tambor mayor, nunca encontrándose, los tonos se persiguen,se superpone el eco, una presencia eterna, un punto de contacto con el todo, pero nunca se encuentran, sales de la ducha , verdaderos hombres de negocios, el silencio sonriente de Juan, ansias, desencontrados, desentendidos, el abanderado, desatendidos, desamarrados, cada uno de vosotros será un ascua de luz, épica sin patria,sin sangre, sin desgracia, en ella que baila, como la campanada final que humildemente deja su breve latido en el aire tenso del verano claro, fresco,cálido,enormes multitudes, populacheros, vómito general, amplio, negra mía, la idea monstruosa de la tortura, la idea monstruosa de matar, y dormir dulcemente a tu lado, la idea monstruosa de morir sin necesidad, tan lejano, las ideas monstruosas desperdigadas por los balcanes,todo el aire ardiendo sobre las cabezas, (¿nada me faltará?) , los injertos de las noticias y de las recetas de cocina, anclao en el arrabal amargo, la ducha marina, el eco desde aquí inaudible, infinis, el hedor de la muerte planeando sobre todo, el aire podrido que se desintegra, el inescrutable Hans, "mi nega" , la colocación mental de los mártires, ahora que no estás, rendido a sus pies, el fratricidio, en él crees, el odio como pan matinal, los niños todos del mundo, el mundo girando en el espacio interestelar, aparte de eso, universal, zodiacal, el espacio, la gran cancha de pelota de Dios, el frontón colosal que no tiene fin, negra mía, el resonar del microcosmos en el macrocosmos, ónix,las ideas empujadas en los cerebros de niños ignorantes, supremo masaje, la medida del hombre, todas la cosas, las todas cosas del hombre son su medida, inocentes, y ahora estás moviéndote, ahora, ahora, el mito de que el mundo es sólo cuestión nuestra, siempre, bailando, quise lamer tu sexo , bailando, el Páramo de Harina se unió a la Panamericana, exhibiendo su obscena belleza, quien se atreviese a hacer el más pequeño daño, "quiero que sea lindo" , en mangas de chaleco, fueron muy felices, tuvieron matices, y se resignaron, el supremo masaje de los dioses, aleladamente malditos sean mil veces los uniformes camuflados, no tiene remedio, decía la Interbalnearia, un terrible abandono que ya nada repara, moviendo el esqueleto, las sonrisas de los pinochetes, el monstruoso reino animal, triste, la testa inclinada, entro en tu concha divina , la horrible herida abriéndose, allí, belleza monstruosa de las especies monstruosas del reino, unos bíceps bien formados, la triste repartija del amargo botín, los aberrantes, bellos aromas de todas las flores de la creación, el estallido del bing que bang, los exquisitos pies descalzos que la espuma cubre por unos instantes, el rostro oval, hilillo de sudor corriendo frío ya entre nalgas, una chica con demasiados problemas, el cerebro electrónico, suele ser sueco , miembros mutilados, la elegida muerte necesaria, los chongos paseándose por la avenida, encienden cigarrillos, negrita, juegan pinball, los lobos de mar haraganeando al sol, se perfuman, se lleva la mano a la entrepierna húmeda, virtualmente una chiquilla complicada, magnetismos, el mentón bien dibujado, visión de las imponentes instalaciones, un ano contráctil desplazándose por ahí, te agarra de las bolas, potito de caucho mío, un poco desencajada, bang-bing, bing-bong,azabache,bung-bung, buuuuuuung, llora frente a las cámaras, "mi heroína" , en tu soledad infinita,floto liviano en el aire densísimo, las deliciosas piernas bronceadas, algo peladillas, me hundo en las tinieblas más espesas, soledad irremediable, rugiendo te fecundo , dejame ser tu héroe, los ojos tan muertos como los del forense, bing, amargado, mundo que se descuartiza entero, el campo respirando en el espacio infinito, el pito, la sobrevivencia, meffraie, miran, las tumbas alineadas, desde allí habla, esperando el paraíso, bang, la aniquilación y el amor, tu cayado, la sensación de irrealidad, este duro oficio, nada te faltará , desde ese preciso límite, miran mientras bailas y bailas, aparte, o junto a todo, el humano se arrastra por la tierra, su gusano es su sombra que lo persigue en el día más nublado, hombre o mujer, animal erguido por gracia del destino, por la arbitraria selección natural resultado del enfriamento de las colosales masas de materia que locamente se desplazan por los espacios inconmensurables, y sin embargo neciamente se reserva el derecho a matar, el derecho a morir, llora llora Urutaú , soberbiamente se desplazan las falanges de hombres sobre las planicies fantasmales iluminadas por lunas oscuras, repitiendo sus siniestros planes a niños ignorantes, expósitos, de dudoso origen, sobre sus falanges cree sostener y con ellas cree manipular el universo conocido, ahora mismo, Paysandú, sin embargo los hombres cenan solos bajo el mismo cielo incendiado,y se relamen por el placer que les causan los frutos de la tierra conocida, y se lamentan por el dolor que les inflige la realidad, que es la que ellos conocen y dominan con ayuda de sus ciencias milenarias, Urunday, y entre ellos se descuartizan y castigan, como si la maldición de estar vivo no fuese de este mismo modo la inconmensurable alegría de respirar bajo las nubes deshilachadas, Artigas, que lentamente se jironean de lluvia, Ancud, bebiendo solitario,que otra vez subirá -vapor ya- hacia las nubes, el hombre digital, la bestia análoga, hacia los interminables castillos de las nubes, cumulus nimbus calvus, cumulus castellatus, cirrus stratus, Lautaro, allí la electricidad destroza de vez en vez una frágil aeronave cuya tripulación sucumbe sin remedio, sin paracaídas,solos gotean los pilotos y las correspondientes azafatas sobre los trigales, Rímini, los turistas de los autobuses los ven derramarse y los confunden con pájaros acuáticos a lo lejos, Tomelilla, sobre los lagos de Suecia, Aiguá, el hombre, mi juventud montó potro sin freno, hombre que bebe solo, ese animal elocuente, versátil, Erasmo, desprendido, en la punta de un ombú, altruísta, torturador, blasfemo, fatricida, EL AVION ES UNA PLUMA AL VIENTO, arrojadizo, Grimaldi, confundidos, mecánico, porque algún día se va a abrir esta trampa mortal, mirad los lirios, Ontario, EN EL INTERIOR DE UN CUMULUS NIMBUS CALVUS, mirad al que yace en un lecho plano conectado a aparatos, mirad al que vive sentado en una silla, soplando en un tubo órdenes a máquinas, mirad, mirad sus sonrisas, su esperanza que nace en el corazón de vez en vez, ALGUNOS PIENSAN EN DIOS, de primavera en verano, la frente inclinada hacia la tierra, la amargura de las horas sin ella, tengo en mí, la vaciedad del mundo que acaba cuando aparece, cuando suena el teléfono, cuando ella baila livianísima y mirada por todos los presentes, escuchad a los que cantan su pena y su alegría en la tierra, la desesperanza derrotada, la guerra derrotada huyendo por sus propios inmundos campos de batalla, Tres Árboles, los monstruosos engendros que se combaten, la ira en los corazones como una espina venenosa, Trigales Abrasados, los niños y los animales y las plantas y los microbios y cada molécula y cada átomo expuestos a las mismas respuestas necias, Toreros Andaluces, a los mismos impulsos glotones y pretenciosos, los anillos de diamantes, el malvavisco como emoliente doliente, las limusinas relucientes, y harto, los tapados de armiño, se llora cuando se nace, los palacios lujosos, la servidumbre, los servicios, TÚ MIRA LA LUZ FILTRÁNDOSE ENTRE LOS CASTILLOS DE LAS NUBES, escuchad el canto del negro ciego, el servilismo, la sobrebia de los poderosos, la ambición desmedida, incomprensible, que deja estupefacto al menos inteligente, las diferencias de coeficiente intelectual, las diferencias de sensibilidad poética, para que no haya dudas, MIRA LA LUZ LAS CAPAS DE LUZ TRASLÚCIDA, las diferencias de ingreso, de egreso, de gasto público, de obligaciones del tesoro, el índice Dow Jones, de la marcha de los negocios, de la balanza comercial, QUE FESTEJAN, del producto bruto interno, del bruto producto interno, harto, LOS RAYOS, del producto del bruto del interno, de las internaciones, de las curas de sueño, las lobotomías inmateriales, los trucos de la impotencia institucionalizada, NI MADONNA EN TODA SU GLORIA SE VISTIÓ JAMÁS COMO UNA SOLA GOTA DE ROCÍO DEL CIELO, las tristezas del mundo, madre ida sin dejar otro mensaje que un mechón de su cabello adherido al piso de la cocina que aún huele a gas, padre ido en medio del frenesí sexual, LEVANTA LA VISTA HACIA LOS ESPACIOS INCONMENSURABLES, el silencio, tu avión detenido sobre la meseta, de los jóvenes-viejos,la sonrisa de Lucía, de Mariángeles, cada vez que la luz toca sus corazones, la decisión de esperar activamente un fruto tras el otro, sin desesperación, sin raptos de urgencia, MIRAD, muchachas únicas, ATRÉVETE A CREER, la maravillosa alegría de Adrián, esta es la tierra que nadie os prometió y que os ha sido dada por sorpresa, entonces me di cuenta, os amo con toda el alma, Raúl imprevisible y negador del tiempo, regalo inesperado, las palabras entrando al campo de fuego, todo puede pasar, Uruguay jugará la semifinal contra Colombia, "yo también he llorado" , ES EL CRISTO QUE TE LLAMA, los viejos-jóvenes, si Brasil gana frente a EEUU (esto no está tan claro como podría pensarse, y quienes lean estas palabras dentro de un siglo habrán visto muchas veces a la selección de EEUU salir, única, triunfadora de gallardas gestas), el tiempo que todo lo devora, NO DUDES, Uruguay tiene que alinear con Rabajda en el arco (no estoy seguro de que así sea), NO TE ABANDONARÉ, incendio de pinares en el vello de tu nuca, muerte, madre de la belleza, Bengoechea tiene que estar jugando, por supuesto, más única que otras que son únicas , NI AL RAYAR EL DÍA, Enzo y Ruben Sosa no pueden faltar, y adelante y a la izquierda hay que poner a Poyet, a mí Fonseca no me convence, aunque como dice Gustavo (él es hincha de Nacional) hace goles, no podemos perder, NI EN LA NOCHE CERRADA, mi corazón se apoya en la red en la que golpearán los goles celestes, dé cada uno según sus posibilidades, que cada uno será un brinco colosal en millones de pechos que siguen la hazaña,QUE HACE LLOVER SOBRE JUSTOS E INJUSTOS, con fe, convencidos de que la magia, "hasta siempre" , como cuando bailas, allá lejos, en el pasado o el futuro, pero no aquí sobre la escritura ¿que se desarrolla en el presente?, QUE HACE SOPLAR SOBRE VIVOS Y MUERTOS, ya Uruguay le ganó a Brasil 6-4 por penales en el Centenario con un público de 75.000 personas, (¿qué eres?) , LEVANTA TU MIRADA AL CIELO, empató Bengoechea a los 53’, no es fácil vivir en el presente, a cada uno según su necesidad, a menudo se está muerto en el presente, -siempre, siempre , ES EL HABLA DEL AGUA Y DEL VIENTO, y sólo tú, estoy harto del tiempo, también podría ser japonés o javanés , Marcelo Otero hizo el gol contra Colombia, trueque, sólo cuando se hizo pasado el presente es presente, ESCUCHA LA PALABRA, (¿no sientes como si te estuviera tocando?) , sólo cuando se hizo futuro el pasado puede ser presente, debe quedar escrito , ESCUCHA LAS PALABRAS, trueque indio, entenderán lo que este triunfo significa, la existencia en el tiempo, amarte es mi divisa, catorce veces campeones sudamericanos, indio, trueque, QUE NADA SIGNIFICAN, la existencia en el espacio, "quiero santificar este acto prolongándolo" , las aves en rotación alrededor de la tierra, ¿NADA SIGNIFICAN?, Fernando Alves embaraja un penal contra Brasil, troca, ahora que estás lejos , todos los sueños del mundo, las nubes fotografiadas desde la estación orbital, del tiempo todo se bebe, nada hay nuevo bajo el sol, ahora, troco, esta caminata hasta la estación, irrepetible , en cada cosa un signo me hablaba, lejos , indio, sólo tú y yo y la ciudad como fondo, como en Maracaná, ( ¿lejos?) , allá tú, aquí yo, de qué servirá al fin la vanidad, obnubilados, obsidiana, lo nuevo que nace. Roberto Mascaró nace en Montevideo, Uruguay. Ha residido en Suecia y Chile. Funda y dirige en 1980 la revista Saltomortal y la editorial Siesta. Colaborador de la revista Posdata (Uruguay) y del diario sueco Sydsvenska Dagbladet. Director de la revista internacional de literatura Encuentro . Licenciado en Ciencias de la Literatura (Universidad de Estocolmo) y Estética (Universidad de Upsala). Poeta, artista multimedial, traductor. Desde 1986 ha trabajado también en el área de multimedia en diferentes videos y performances en torno al texto poético. Ha recibido premios y becas de diferentes instituciones: Ciudad de Estocolmo, SODRE (Radio y Televisión Oficial de Uruguay), Instituto Sueco, ASDI, Fondo de escritores de Suecia, Norwegian Litterature Abroad, Intendencia Municipal de Montevideo, Sociedad de Escritores de Suecia, Sociedad de Escritores de Escania. Libros publicados Estacionario (poemas), Nordan, Estocolmo, 1983. Chatarra/ Campos (poemas), Siesta, Estocolmo, 1984. Asombros de la nieve (poemas), Siesta, Estocolmo, 1984. Fält (Campos) (poemas en versión sueca de Hans Bergqvist), Fripress, Estocolmo, 1986. Mar, escobas (poemas, Ediciones de Uno, Montevideo, 1987). Södra Korset/ Cruz del Sur (poesía, bilingüe), Siesta, Estocolmo, 1987. Gueto (poemas), Vintén Editor, Montevideo, 1991. Öppet fält / Campo abierto, Siesta, Malmö, 1998. Amores impares (varios autores) Aymara, Montevideo, 1998. Campo de fuego , Aymara, Montevideo, 2000-10-09. mascaro@telia.com Susana Wald - Nací en 1937 en Budapest, Hungría, donde transcurrió mi niñez. La adolescencia me sobrevino en Buenos Aires, Argentina. He vivido 24 años en Toronto, Canadá y ahora vivo en Oaxaca, en el Sureste de México. En 1963, en Santiago de Chile conocí a Ludwig Zeller. Este encuentro abrió para mí un nuevo horizonte. Con él he recorrido paisajes interiores y del mundo, participando en aventuras poéticas y plásticas, de editoriales y de contactos humanos. Juntos hemos publicado los textos de Casa de la Luna, en Santiago de Chile, los de Oasis Publications en Toronto, Canadá y los de Oasis Oaxaca. He ilustrado obras de distintos autores y he colaborado con otros en la traducción de poesía. Desde los primeros años de mi adolescencia vivo la experiencia de traducir. Desde 1963, me ha tocado navegar en la aventura de la traducción literaria, sobre todo de textos de autores surrealistas franceses al castellano y al inglés y de latinoamericanos al inglés. He trabajado en cerámica, haciendo desde objetos pequeños hasta murales, durante veinticinco años. He hecho escultura en madera, y metal. He tratado de expresar sentimientos interiores en el dibujo, técnica que practico desde que tengo memoria. Desde finales de los setentas me aventuro en la pintura. En mis telas, como en lo demás, trato de sondear una forma trascendente de vivir. He tenido el placer de hacer libros únicos, en colaboración y también por mi cuenta. Libros hechos a la vieja manera, casi medieval, que terminan casi siempre en un museo o en una biblioteca de libros raros. He trabajado en diseño gráfico de libros, y publicaciones periódicas, e hice centenares de cubiertas de libros. He expuesto regularmente mi obra desde 1963, individualmente y en exposiciones de grupo, en Argentina, Chile, Canadá, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Islandia, España, Italia, México y Alemania. Obras mías se encuentran en colecciones públicas de Canadá, España e Israel y privadas de Argentina, Chile, Estados Unidos de América, Canadá, Francia, Italia, Islandia, España y Alemania. waldzeller@rnet.com.mx Campo de Fuego 2001 Edições da Agulha/eBooksBrasil Escritos Roberto Mascaró Desenhos Susana Wald Projeto gráfico Socorro Nunes Contato floriano@secrel.com.br Caixa postal 52924 Ag. Aldeota Fortaleza CE 60151-970 Brasil Versão para eBook eBookBrasil.com Brasil, dezembro de 2001 2001 Edições da Agulha floriano@secrel.com.br Versão para eBook eBooksBrasil.com __________________ Dezembro 2001 eBooksBrasil www.ebooksbrasil.com KOREAEBOOKSTYLEFILE_1.1.0O)e?{' A c Times New Roman 2defaultdefaultTimes New Roman 2hr_file_0 para0hr_file_0 para0Times New Roman 2hr_file_0 para1hr_file_0 para1Times New Roman Khr_file_0 para2hr_file_0 para2Times New Roman 2hr_file_0 para3hr_file_0 para3Times New Roman 2hr_file_0 para4hr_file_0 para4Times New Roman Khr_file_0 para5hr_file_0 para5Times New Roman 2hr_file_0 para6hr_file_0 para6@Times New Roman 2hr_file_0 para7hr_file_0 para7Times New Roman 2hr_file_0 para8hr_file_0 para8Times New Roman 2hr_file_0 para9hr_file_0 para9Tahoma 2hr_file_0 para10hr_file_0 para10Times New Roman 2brbrTimes New Roman 2paraparaTimes New Roman 2figgrfiggrTimes New Roman 2fig.contfig.contTimes New Roman 2 tablepara tableparaTimes New Roman 2listparalistparaTimes New Roman 2fontfontKOREAEBOOKSTYLEFILE_1.1.0O)e?{' A c Times New Roman 2defaultdefaultTimes New Roman 2hr_file_0 para0hr_file_0 para0Times New Roman 2hr_file_0 para1hr_file_0 para1Times New Roman Khr_file_0 para2hr_file_0 para2Times New Roman 2hr_file_0 para3hr_file_0 para3Times New Roman 2hr_file_0 para4hr_file_0 para4Times New Roman Khr_file_0 para5hr_file_0 para5Times New Roman 2hr_file_0 para6hr_file_0 para6@Times New Roman 2hr_file_0 para7hr_file_0 para7Times New Roman 2hr_file_0 para8hr_file_0 para8Times New Roman 2hr_file_0 para9hr_file_0 para9Tahoma 2hr_file_0 para10hr_file_0 para10Times New Roman 2brbrTimes New Roman 2paraparaTimes New Roman 2figgrfiggrTimes New Roman 2fig.contfig.contTimes New Roman 2 tablepara tableparaTimes New Roman 2listparalistparaTimes New Roman 2fontfontKOREAEBOOKSTYLEFILE_1.1.0O)e?{' A c Times New Roman 2defaultdefaultTimes New Roman 2hr_file_0 para0hr_file_0 para0Times New Roman 2hr_file_0 para1hr_file_0 para1Times New Roman Khr_file_0 para2hr_file_0 para2Times New Roman 2hr_file_0 para3hr_file_0 para3Times New Roman 2hr_file_0 para4hr_file_0 para4Times New Roman Khr_file_0 para5hr_file_0 para5Times New Roman 2hr_file_0 para6hr_file_0 para6@Times New Roman 2hr_file_0 para7hr_file_0 para7Times New Roman 2hr_file_0 para8hr_file_0 para8Times New Roman 2hr_file_0 para9hr_file_0 para9Tahoma 2hr_file_0 para10hr_file_0 para10Times New Roman 2brbrTimes New Roman 2paraparaTimes New Roman 2figgrfiggrTimes New Roman 2fig.contfig.contTimes New Roman 2 tablepara tableparaTimes New Roman 2listparalistparaTimes New Roman 2fontfontKOREAEBOOKSTYLEFILE_1.1.0O)e?{' A c Times New Roman 2defaultdefaultTimes New Roman 2hr_file_0 para0hr_file_0 para0Times New Roman 2hr_file_0 para1hr_file_0 para1Times New Roman Khr_file_0 para2hr_file_0 para2Times New Roman 2hr_file_0 para3hr_file_0 para3Times New Roman 2hr_file_0 para4hr_file_0 para4Times New Roman Khr_file_0 para5hr_file_0 para5Times New Roman 2hr_file_0 para6hr_file_0 para6@Times New Roman 2hr_file_0 para7hr_file_0 para7Times New Roman 2hr_file_0 para8hr_file_0 para8Times New Roman 2hr_file_0 para9hr_file_0 para9Tahoma 2hr_file_0 para10hr_file_0 para10Times New Roman 2brbrTimes New Roman 2paraparaTimes New Roman 2figgrfiggrTimes New Roman 2fig.contfig.contTimes New Roman 2 tablepara tableparaTimes New Roman 2listparalistparaTimes New Roman 2fontfontKOREAEBOOKSTYLEFILE_1.1.0O)e?{' A c Times New Roman 2defaultdefaultTimes New Roman 2hr_file_0 para0hr_file_0 para0Times New Roman 2hr_file_0 para1hr_file_0 para1Times New Roman Khr_file_0 para2hr_file_0 para2Times New Roman 2hr_file_0 para3hr_file_0 para3Times New Roman 2hr_file_0 para4hr_file_0 para4Times New Roman Khr_file_0 para5hr_file_0 para5Times New Roman 2hr_file_0 para6hr_file_0 para6@Times New Roman 2hr_file_0 para7hr_file_0 para7Times New Roman 2hr_file_0 para8hr_file_0 para8Times New Roman 2hr_file_0 para9hr_file_0 para9Tahoma 2hr_file_0 para10hr_file_0 para10Times New Roman 2brbrTimes New Roman 2paraparaTimes New Roman 2figgrfiggrTimes New Roman 2fig.contfig.contTimes New Roman 2 tablepara tableparaTimes New Roman 2listparalistparaTimes New Roman 2fontfontJFIFHHC    $.' 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